inicio

Wilfredo Carrizales


 

De Mudanzas, El hábito (2003)

 

Mudanzas

I

La lechuza posee una secuencia
Y las imágenes no vuelcan hacia el deterioro
Aflora la noche en su pico
Detrás de su mirada que no es móvil

La inmensidad del volar por los ámbitos
Se llena de chillidos y aprobación
Saltan plumas
Y aleteos para el recuento de las noches
O de las soledades
(En un intento por alejar
Los malos presagios cierra un ojo)

Un hermoso recorrido

Se digna a reflejar el itinerario

Que conduce irremisiblemente

Hasta el punto de partida

Hurga la lechuza en su anhelo
Al depositar los pedazos de alma
Sobre el tablero a escondidas
Construido y malamente dañado

 

III

Lamento que no hayan sido
Mis ojos
Los que se posaron por primera vez
Encima de la grandeza de su alimento

Solía ella comer
A la sombra de los bambuzales
La brisa le traía presagios
De miradas espías
Y acechanzas de remota data

Nunca paró mientes
En esos juegos fantasmales

Cuánto deploro
Saber que ya sus comidas
No tendrán la complicidad del bambú
Ni la ordenada caravana
De las hormigas rojas
En el afán de transportar migajas

 

VI

La lechuza se miraba
Reflejada sobre la luna llena
Y el imposible espejo le acrecía
Deseos y pico y lujuria y uñas

Voló con alas de doble causa
Por sobre innúmeros tejados
En busca de la presencia amiga

Posó sus patas en la percha
Vertebrada del animal de sus noches
Y allí graznó las elocuencias
Que la signan y la merecen

Contempló el amanecer
La mudanza del plumaje
Y para siempre sin acasos
La lechuza trocó los hechizos
Y a voluntad se tornó
En maga o bruja descollante
Para perder a los hombres
Tras el descalabro del destino

 

IX

La majestad de la piedra
Sensibiliza a la frustrada madre

Comienza a recordar cómo fue
El mes aprisionada en la cueva
Y de qué manera se le hizo sufrir
Vedándole las aguas y la visión que enmudece

La negada madre coloca una mano
Sobre su vientre frío
Y siente la naturaleza pétrea
Estéril rotundamente estéril

Se siente señalada
En cuanto sale de su casa
Percibe el insulto tenaz
Allí va la mujer de piedra
Le dicen
Le enrostran todos

Lapidar la frustración
Se promete la infértil mujer
Y peñasco a peñasco
Se levanta un muro

 

XIV

Cuatro fogatas le indican
Al caballo
El paso a los territorios del norte

Escasas alabardas
Defienden la entrada
Pero una línea negra
Advierte la prohibición

Golondrinas acosan al caballo
Y le picotean los belfos vencidos

Hace el corcel de su lucha
Una sola y potente coz
Y penetra por una tronera

En la pradera
Los relinchos dejan establecido
Quién pone orden y escarmiento

 

El Hábito

I

El cuchillo persigue
A la cabeza del cerdo

Cercenada
Reposa sobre el tablón

Sonríe
Sacrificial
Y el resto del cuerpo
Aligera un temblor

Dos insectos
(Irreconocibles moscas?)
Tantean la sangre
Con reconocido oficio

 

III

Los tañidos de una campana
Levantan amarillos orgullos
Entre los bonzos
Ocultos en su meditación

En los campos
Las plegarias han crecido
Con el color de los bostezos
De Buda y las mieses
Recuerdan manoseados sutras

De oro
Colma su vacío
La campana
Y el tiempo se ha hecho fulgor
Sobre más brisas y ciertos cantos

 

V

Terco lo llamaban
Tozudo era y fue
Incorregible

Tomaba su gran arco
(Su fuerza equiparaba al buey)
Lo tensaba
La flecha salía en pos
De un inocente insecto

Así cazaba
Pretendía librarse así
De ilusorias plagas

Murió obstinado
Con la testa dura
Y coronada de constancias

 

XVIII

Le gustaba mordisquear su oreja
En la vertiente sombreada
De una famosa colina

Desnudo se pegaba a su costado
Y oía palpitar la piel en el nombre que honraba
La purpurina de los gemidos
Al tiempo le extraía su timidez

En sucesión de abrazos
Se arrojaba hacia su audacia
Y sentía al follaje
Crecer bajo su ombligo

Ganaba la felicidad a pulso
Y la ponía a ras del suelo
Para verla gatear
Y maravillarse de su conducta

 

XX

Solía llegar
Con algo de viento frío
El cielo desordenado en nubes
Una chaqueta blanca de cuero
Unos largavistas y unos pájaros enjaulados
Unas fotografías tomadas al pie de una montaña
Una tos interdicta
Un cariño entrañable
Y un verbo que sabía lo que hacía
Y para qué y cómo

Fue pájaro mecánico
Y subió y se elevó
Para disfrute y solaz
De los enanos inmortales
Que lo esperaban desde hacía siglos
En las cumbres más acordes

leer Postales