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Posada
fue un artista amante de su oficio, comprometido con sus ideales que más
de una vez lo llevaron tras las rejas. Lejos de buscar la fortuna y la
fama con su talento, Posada dedicó sus días al trabajo arduo del artesano
para legarnos ácidas metáforas de una sociedad de altos contrastes. Hasta
sus últimos días, trabajó en su taller y cumplió los encargos a la misma
casa editorial. Murió el 20 de enero de 1913. Fue enterrado en una tumba
de sexta clase sin derecho a perpetuidad. Sus restos mortales terminaron
en alguna fosa común del Panteón de Dolores de la ciudad de México.
El trabajo de Posada no se limita a la representación de calaveras. Existen
grabados de animales, de escenas históricas, de sucesos formidables y
de noticias que asombraron a los lectores de su época. Realizó
portadas de libros infantiles, de historias populares y aún de
recetarios.
Posada fue el grabadista de lo cotidiano, el memorioso que logró plasmar
una época que, aunque lejana, aún sigue vigente toda vez que la historia
se repite: las alegrías, las injusticias, los rostros y los memoriosos
que ahora eligen preservar su nombre José Guadalupe Posada y el de su
inolvidable Catrina.
Elegir,
como LEITMOTIV, a José Guadalupe Posada no es sólo reconocer
el legado plástico de un precursor del grabado ni hacer un guiño
con el incisivo sentido del humor de un caricaturista, sino comulgar o
intentarlo con el punto de vista de un hombre. ¿Qué
perdura? ¿Qué se extingue? ¿Qué o quién
no ha de ser olvidado? Las respuestas quizá se encuentren agazapadas
en la vida y obra de este artista.
E. M.
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