A la mitad del foro II

Lenore de Roman Dirge

Erika Mergruen

 

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 0.5em}Un himno para la muerta más regia que jamás murió tan joven, se lamenta Edgar Allan Poe en su poema Lenore escrito en el siglo XIX. Lo que no sabía el poeta es que alguien más lograría despertar a Lenore de su sueño eterno.

Roman Dirge escarba un nuevo nicho en el mundo del cómic con su pequeña Lenore: una niña que regresa del más allá, con líquido embalsamador en las venas y ojos desorbitados dispuestos a descubrir creaturas bizarras por doquier.

Cada trazo en las aventuras de Lenore marca el camino al universo del humor negro y la belleza de lo grotesco. Están las rimas, los dichos y también los cuentos de hadas que son atrapados por un halo fantasmagórico derivando en sucesos sobrenaturales que nos enchinan la piel y, a la par, nos provocan una sonrisa.

Opera 7 screen capture {float: right; margin-left: 0.9em}Con su tétrica niña, editada por Slave Labor Graphics, Dirge caricaturiza los clichés del horror con sutileza pero sin concesión: un vampiro convertido en muñeco de trapo por comerse a quien no debía, un caníbal maniatado, monstruos derrotados por un matamoscas, o sentados para tomar el té.

En su niñez de ultratumba ella también tiene sus dejos de inocencia y ternura, aunque el modo en que se expresan provoca ojillos que saltan de sus órbitas, mascotas que pasan a mejor vida y una que otra mutilación gore (sin sangre pero con mucha tinta).

Y en su mundo el amor también persigue a Lenore, textualmente, más allá de la muerte. ¿Cuántas veces regresará de la tumba Mr. Gosh? Las que sean necesarias para afirmar que el amor es eterno, aunque las negativas de esta niña enlutada tengan el filo de cuchillos cebolleros.

¡El espíritu huyó para siempre!, exclama Poe; ¡Okkie Doke!, se despide la curiosa Lenore.


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