Extrañas minificciones de Pu Sung-Ling


 

El carretillero

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 0.5em}Un carretillero empujaba montaña arriba una carretilla cargada al máximo. Cuando alcanzó la mitad de la altura, en el instante que necesitaba hacer mayor acopio de fuerza, llegó un lobo a la carrera y le clavó los dientes en una nalga. El hombre no podía desprenderse de las varas de la carretilla y ahuyentar al lobo. De hacerlo, la carretilla recularía, las mercancías que transportaba se dañarían y él mismo podría sufrir perjuicio. No le quedó más opción que continuar empujando hacia arriba, soportando el dolor. A pocos pasos de la cima pensó que muy pronto se libraría del lobo. Sin embargo, el lobo escapó con un trozo de carne en el hocico.

(El lobo le robó un trozo de carne al hombre, al sacar provecho de su impotencia. Ese lobo, además de ladino, era bromista).

 

 

Los ratones actores

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 0.5em}Se decía que en el mercado de la ciudad de Chang An había un hombre que vendía ratones que sabían actuar. Así el hombre se ganaba la vida. El hombre siempre cargaba una bolsa a la espalda donde ocultaba a más de diez ratones pequeños. Cuando estaba en medio de la gente extraía una pequeña tabla de madera y se la fijaba detrás de los hombros, como si fuese una tarima. Después se ponía a tocar un tambor y canturreaba la melodía de alguna pieza teatral antigua. A los primeros redobles del tambor los ratones emergían de la bolsa, disfrazados con máscaras y vistiendo atuendos variados. Los ratones se le subían a la espalda y luego se instalaban en la tarima. Allí, afirmados en las patas traseras, daban una función teatral con la cual exteriorizaban emociones de dicha y aflicción, como si fueran actores humanos.

 

 

Los sapos cantores

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 0.5em}Wang Zusun me refirió que en una oportunidad estaba en la capital. Allí vio en el mercado a un hombre que hacía un singular espectáculo. El hombre cargaba una caja de madera seccionada en doce celdillas. En cada celdilla había una pareja de sapos. Cuando el hombre tocaba con una varita la cabeza de alguno de los sapos, éste, en seguida, cantaba una melodía. Si alguien le obsequiaba una moneda al hombre, él tocaba, sin orden establecido, las cabezas de todos los sapos, como si tañese una campana pequeña. Cada uno de los sapos emitía, sin desviarse, las notas kung, shang, yiao…*

*Las tres primeras notas de la escala musical china de cinco. Las dos restantes son chi e iu.

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