|
reseña de
Rodolfo
J. M.
Durante
años, los aficionados a la animación japonesa (anime) nos preguntamos
qué tipo de películas presenciaríamos cuando los japoneses fueran capaces
de llevar a la pantalla grande, y con actores de carne y hueso, historias
como Akira (Katsuhiro Otomo / 1988), o Naüsicaa in the valley of wind
(Hayao Miyazaki / 1984). Pero no sólo los aficionados esperábamos el acontecimiento,
sino que los mismos directores y productores esperaban la oportunidad
de mostrar que la tecnología podía concretar el ideal de hacer un cine
sin limitaciones visuales. Un cine capaz de contar historias que sólo
el cine es capaz de contar. Los escenarios y personajes creados por computadora
pronto nos dieron un avance de tal expectativa, primero con Avalón (Mamoru
Oshi / 2001) y luego con Final Fantasy (Hironobu Sakaguchi / 2001). La
primera, a pesar de la notables diferencias tanto estilísticas como ideológicas,
no pudo evitar las comparaciones con Matrix, y la segunda resultó fallida
en cuanto a crítica y taquilla.
Fue necesario esperar a que llegara Casshern, la opera prima de Kazuaki Kiriya para ver lo que es capaz de ofrecer esta nueva generación de cineastas. El resultado: una cinta barroca y excesiva, pero también de una belleza pocas veces vista, punto intermedio entre Blade runner (Ridley Scott / 1982) y Evangelion (Hideaki Anno / 1995), pasando por el expresionismo de Metrópolis (Fritz Lang / 1927).
Casshern adapta
libremente una serie animada de segunda división proyectada en los años
70, Casshan: robot hunter, de Shinzo Ningen. El güión es responsabilidad
del propio Kazuaki Kiriya, y si bien adolece de las inconsistencias tradicionales
del anime y el cine japonés (tramas excesivamente complicadas, grietas
narrativas, y, en muchas ocasiones, resoluciones casi sacadas de la manga)
supera por mucho la vacuidad de, por mencionar una sola película, Captain
Sky and the world of tomorrow, con quien comparte más de una similitud,
entre ellas las referencias a películas clásicas y el haber sido filmadas
sobre fondos virtuales (blue screen). Pero el mérito de Casshern, a diferencia
de Captain Sky, no descansa en las referencias o la estética retro.
La carrera de Kazuaki Kiriya, antes de Casshern, había estado limitada al videoclip y los anuncios comerciales. Actividades que, para variar, no le perdonan sus detractores, quienes ven una debilidad en la brillante estética de la película, e incluso hay quien se atreve a decir que Casshern no es sino una colección de videoclips, y que las peleas son sólo torpes coreografías. A esto habría que añadir lo gratuito de algunas escenas, la sobreactuación de algunos de los actores (en particular el líder de los neo-sapiens), y la aparente incongruencia de ciertos elementos; sin embargo el resultado final supera por mucho los baches encontrados. Licencia de principiante, dirían algunos, a propósito de los excesos de Kazuaki Kiriya. Falta de prejuicios y miedo al ridículo, dirían otros.
Casshern narrá
la historia de un futuro cercano en el cual, después de 50 años de cruentas
batallas los han vencido y dominado a las naciones europeas. El precio
de su triunfo no podría ser más alto: una nación fragmentada y contaminada
a más no poder, llena de mutaciones y enfermedades genéticas. Es entonces
que un científico especialista en genética, presenta ante los líderes
su más reciente descubrimiento: las neo células, mismas que no sólo permitirán
regenerar aquellas partes dañadas del cuerpo humano, sino que además las
mejorará. El descubrimiento, rechazado por el grueso de los científicos,
es abrazado por el ejercito, que pretende usarlo para crear un ejercito
invencible que acabe de una vez por todas con la resistencia. Sin embargo
el resultado del experimento serán los neo-sapiens (reminiscencia de los
legendarios nexus 6), que al igual que sus referentes no sólo son superiores
a los decadentes seres humanos, sino que son exterminados y perseguidos.
Es entonces cuando un grupo de sobrevivientes neo sapiens llega a una
fortaleza abandonada en la contaminada zona 7, en esta fortaleza encontraran
la herramienta para vengar a sus hermanos desaparecidos y eliminar así
a los seres humanos: un ejercito de robots gigantes. Pero antes tendrán
que enfrentar a Casshern, hijo del científico creador de los neo sapiens,
quien muriese en la guerra y reviviera gracias a las neo células. Pero
Casshern no sólo cuenta con las habilidades físicas de los neo sapiens,
sino que además posee una armadura única en su tipo, indestructible y
diseñada para incrementar la velocidad y la fuerza de quien la vista.
Casshern no es,
como dicen algunos entusiastas, la mejor película jamás filmada, pero
tampoco es el bodrio que sus detractores dicen. No pasará a la historia,
como Blade runner o Metrópolis (sus referencias más claras), pero puede
que si lo haga como la pionera de una serie de películas que hay que esperar
y que con toda seguridad aportará una serie de elementos narrativos escasos
en la cinematografía contemporánea.
|