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reseña de
Rodolfo
J. M.
Neil
Jordan (The crying game; Interview with a vampire) comenzó
su carrera como escritor a mediados de los años 70, con el libro A
night in Tunisia (1976), una colección de cuentos fantásticos que
llamó la atención por su particular y oscura imaginación; años más tarde
su novela The Past (1980) le abrió las puertas al mundo del cine
cuando el director John Boorman le contratara como asesor de guión para
su película Excalibur. Después de esto la carrera literaria de
Jordan avanzaría paralelamente a la de guionista y director, culminando
en el thriller Angel (1982), que recibió una crítica más bien moderada,
pero lo suficientemente benigna como para impulsar la carrera del incipiente
director.
Congruente con su vocación literaria y el extraño sentido de lo fantástico
del que hizo gala en sus primeros libros, en 1984 filmaría En compañía
de lobos (The Company of wolves), una reelaboración de la Caperucita
roja, cuyo guión escribiera junto con Angela Carter, adaptando algunos
relatos de la Carter pertenecientes al libro The bloody chamber
(La cámara sangrienta. Edit. Minotauro).
El resultado fue una cinta perturbadora que si bien ha querido ser vista
por algunos como una adaptación freudiana de la Caperucita roja, o como
una fallida cinta sobre hombres lobo y niñas perversas, e incluso como
un gótico sueño húmedo, va mucho más allá de cualquiera de estas interpretaciones.
La
cinta comienza en la Inglaterra contemporánea, mostrándonos a Rosaleen,
una niña odiosa, según su hermana mayor, quien encerrada en su cuarto
para usar con libertad los cosméticos de la hermana, se queda dormida.
Es aquí donde la película da su primer giro, introduciéndonos al mundo
onírico de Rosaleen, donde los juguetes que adornaban el cuarto se transforman
en criaturas gigantes que van dejando paso a un bosque plagado de lobos
y hombres lobo que acechan a quien se sale del camino. En este mundo onírico
la hermana de Rosaleen muere atacada por los lobos, y la abuela (Angela
Lansbury) toma a la pequeña bajo su tutela y mientras le teje una caperuza
roja (del color de las amapolas, el color de los sacrificios, el color
de sus menstruaciones) que la protegerá del inminente invierno, le cuenta
historias sobre la verdadera naturaleza de los lobos. De los cuales los
más temibles son aquellos cuya pelambre no está sobre la piel, sino en
el interior.
Uno de los peligros de llevar a la pantalla un cuento clásico, así sea
en versión actualizada, es el de romper la magia propia de la historia
y caer en simplificaciones tipo Disney, donde la ambigüedad y misterio
original de los fairy tales da paso a la promoción de moralejas y “valores
universales”. En el caso de la Caperucita roja el peligro es doble, ya
que el mensaje de la historia podría parecer muy obvio: Niña que creces,
si te sales del camino te perderás y posiblemente termines en las fauces
de los lobos. Neil Jordan esquiva tales obstáculos de forma poco sorprendente,
si tomamos en cuenta la participación de Angela Carter en el guión y consideramos
el carácter oscuro y subversivo de sus textos, pero lo hace en forma muy
efectiva. La ambientación onírica de la película permite crear un universo
inquietante y plagado de símbolos, así como de una belleza poco usual.
Metáfora
de la iniciación sexual femenina, En compañía de lobos nos dice que fuera
del camino acechan los lobos, pero el lobo simboliza muchas cosas: muerte,
conocimiento, sexo. Así que si salirse del camino representa el riesgo
de la muerte, también representa la posibilidad del sexo y el conocimiento,
y con ello la posibilidad del poder. Es como dice la madre de Rosaleen
cuando esta le cuenta una de las historias de la abuela,: Si en el hombre
hay una bestia, en la mujer también.
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