Opera 7 screen capture {float: right; margin-left: 0.5em}Ojo del mes, septiembre-octubre, 2004

El círculo suicida , de Sion Sono

reseña de Rodolfo J. M.

 

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 1em}Es 26 de mayo, anochece. Estamos en la estación de tren Shinjuku, en Japón, donde 54 niñas pertenecientes a 18 distintas escuelas se han reunido a esperar el tren. Cuando el altavoz anuncia la llegada de este, las 54 niñas forman una línea paralela al andén, se toman de las manos y tras cantar: A la una…a las dos… a las tres… se arrojan a las vías. La sangre y la grasa de las primeras impide que el tren se detenga, y el andén entero se baña con sangre. Justo en ese momento, en medio del horror que reina en la estación, vemos que una persona a quien no podemos identificar deja una maleta blanca sobre el andén.

Esta es la escena inicial de El circulo suicida (Jisatsu sakuru), película escrita y dirigida por Sion Sono, y una de las más impactantes entre la nueva ola de terror oriental contemporáneo. Este “efecto kimono”, iniciado por Ringu (Hideo nakata 1998) y continuado por una serie de películas entre las que habría que resaltar La maldición; Circuito; El ojo; y Aguas oscuras, y que no sólo han revitalizado el género de terror, en particular el de fantasmas, sino que han aportado al cine una buena cantidad de herramientas narrativas por explorar.

En El círculo suicida nos enfrentamos a una historia que se vuelve más compleja conforme nuevos suicidios empiezan a suceder en la ciudad, como el de un par de enfermeras, donde nuevamente aparece, abandonada allí como por azar, una maleta blanca, idéntica a la encontrada en el andén el día del suicidio de las 54 niñas. El contenido de ambas maletas es el siguiente: un cinta enrollada, una cinta hecha con 200 pedazos de piel humana, cada uno perteneciente a una persona distinta. ¿Se trata de un culto suicida? ¿Hay alguien detrás de todo esto? Un par de policías, interpretados por Ryo Ishibashi y Masatoshi Nagase, dos de los más populares actores en Japón, piensan que hay algo oscuro y deciden investigar el caso. Paralelo a esto vemos al grupo musical preadolescente Desert, formado por niñas de 12 años y cuya canción "Mail me" suena en todas partes y en todo momento.

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 1em}¿Qué sucede en Japón? En 2003 hubo 34,000 suicidios. De los cuales el 60% fue cometido por escolares menores de 19 años. De hecho, el suicidio es la sexta causa de muerte en un país que ocupa el número uno a nivel mundial. Y habría que señalar que a diferencia de Occidente, para ellos el suicidio no es un tabú cultural, no es una salida fácil; por el contrario, se trata de un acto más relacionado con el honor que con la cobardía. Sin embargo la pregunta vuelve ¿Qué está sucediendo? La película de Sono si bien no tiene una respuesta nos arroja pistas, vemos una sociedad triste y cansada, como nos muestra la escena en el interior del metro, una sociedad tan enajenada que no parece darse cuenta de que ha perdido la conexión consigo mismos.

Llama la atención que la clave del misterio parezca encontrarse oculta en la cultura pop y en los salones de chat de internet, fuera del alcance de los adultos y a total disposición de niños y jóvenes. Otro detalle a resaltar es el nombre del grupo de moda, Desert, el cual cambia a lo largo de la película sin explicación a Dessert, Dessret, y Desart. ¿Mensaje oculto? ¿Exoticidad? La película no está exenta de esto último, y es aquí donde hay que tomar en cuenta los antecedentes de Sion Sono, cuya experiencia previa se remite a los videoclips y a la pornografía gay. El momento de exoticidad más claro sería el protagonizado por Génesis y sus compinches, un grupo de punks Rocky horror show style, y que alcanza lo hilarante por absurdo. Las coreografías y la estética del ya mencionado Desert también son responsabilidad de Sono.

Opera 7 screen capture {float: right; margin-left: 1em}Lo cierto es que el merito de la película no radica en su exoticidad, o en lo excesivo de ciertas escenas, como esa donde una joven ama de casa se mutila la mano con un cuchillo de cocina, o la ya infame secuencia inicial. El circulo suicida pertenece a ese pequeño grupo de películas como Battle Royale o Audition, que sin incluir elementos sobrenaturales nos presentan una imagen de la realidad bastante perturbadora y capaz de hacernos sentir más inquietud que una historia de fantasmas. Habría que recordar entonces que si bien el concepto de lo fantástico en occidente parte del escepticismo, en oriente parte de la fe.

Es triste que la miopía de las distribuidoras nos prive de ver estas películas en pantalla grande, afortunadamente los piratas no han descuidado ese nicho, y ya existe un mercado negro bastante activo donde es posible encontrar en formato vcd esta y otras joyas de la cinematografía bizarra contemporánea.

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