Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 1em}Máshenka y el oso

 

Éranse unos viejecitos que tenían una nietecita llamada Máshenka.

Cierta vez, sus amiguitas fueron a la casa y le pidieron a Máshenka que fuera con ellas al bosque para recoger flores y frutas.

—Abuelita, abuelito —dijo Máshenka—, ¿puedo ir al bosque con mis amiguitas?

La abuelita y el abuelito respondieron:

—Ve, pero no te separes de tus amiguitas porque puedes perderte.

Llegaron las niñas al bosque y se pusieron a recoger flores y frutas. Máshenka, buscando acá y allá, al pie de cada arbolito y de cada arbusto, se alejó mucho de sus amiguitas.

Al verse sola, Máshenka se puso a gritar y a llamar a sus amiguitas, pero nadie podía oírla porque estaba muy lejos.

Tanto anduvo Máshenka por el bosque, tanto caminó, que acabó por perderse.

Opera 7 screen capture {float: right; margin-right: 0.5em}Llegó hasta lo más espeso del bosque y vio una casita, llamó a su puerta, pero nadie contestó. La puerta no estaba cerrada, así que cuando Máshenka la empujó, se abrió de par en par. Entró y se sentó en un banquito al pie de la ventana mientras se preguntaba: “¿Quién vivirá aquí? ¿Por qué no se verá a nadie?…”

En aquella casita vivía un oso muy grande, pero había salido a dar un paseo por el bosque. Al atardecer, regresó, y se puso muy contento al ver a Máshenka.

—Magnífico dijo. No te dejaré marchar. Conmigo vivirás, el horno encenderás, las frituras cocerás y a mí me las servirás.

Máshenka se puso muy triste, pero ¿qué iba a hacer? Tuvo que quedarse a vivir en la casa del oso. El oso se iba todo el día y dejaba dicho a Máshenka que no saliera de su casita en su ausencia.

—Si te vas —decía— te alcanzaré y te comeré.

Máshenka pensaba en cómo podía escapar del oso. Alrededor todo era bosque y la niña no sabía hacia dónde ir… Después de mucho pensarlo, se le ocurrió una idea.

Una tarde, cuando el oso regresó del bosque, le dijo:

Oye, oso, déjame ir por un día a la aldea, quiero llevar a mi abuelito y a mi abuelita unos pastelitos.

Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 0.5em}—No —respondió el oso—; te perderías en el bosque. Dame los pastelitos y yo mismo los llevaré.

¡Eso era lo que quería Máshenka! Coció en el horno unos pastelitos, sacó un cesto grande, requetegrande, y dijo al oso:

—Mira, pondré los pastelitos en este cesto y tú los llevas a la abuelita y al abuelito. Pero no se te ocurra abrir el cesto, ni sacar los pastelitos. ¡Yo me subiré a un árbol y desde allí te vigilaré!

—Está bien —respondió el oso—, ¡dame el cesto!

Máshenka le dijo:

—Sal al portal y mira si no llueve.

En cuanto el oso salió al portal, Máshenka se metió en el cesto y rápidamente puso sobre su cabeza el plato con los pastelitos.

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