|
|
|
Éranse unos viejecitos que tenían una nietecita llamada Máshenka. Cierta vez, sus amiguitas fueron a la casa y le pidieron a Máshenka que fuera con ellas al bosque para recoger flores y frutas. —Abuelita, abuelito —dijo Máshenka—, ¿puedo ir al bosque con mis amiguitas? La abuelita y el abuelito respondieron: —Ve, pero no te separes de tus amiguitas porque puedes perderte. Llegaron las niñas al bosque y se pusieron a recoger flores y frutas. Máshenka, buscando acá y allá, al pie de cada arbolito y de cada arbusto, se alejó mucho de sus amiguitas. Al verse sola, Máshenka se puso a gritar y a llamar a sus amiguitas, pero nadie podía oírla porque estaba muy lejos. Tanto anduvo Máshenka por el bosque, tanto caminó, que acabó por perderse.
En aquella casita vivía un oso muy grande, pero había salido a dar un paseo por el bosque. Al atardecer, regresó, y se puso muy contento al ver a Máshenka. —Magnífico dijo. No te dejaré marchar. Conmigo vivirás, el horno encenderás, las frituras cocerás y a mí me las servirás. Máshenka se puso muy triste, pero ¿qué iba a hacer? Tuvo que quedarse a vivir en la casa del oso. El oso se iba todo el día y dejaba dicho a Máshenka que no saliera de su casita en su ausencia. —Si te vas —decía— te alcanzaré y te comeré. Máshenka pensaba en cómo podía escapar del oso. Alrededor todo era bosque y la niña no sabía hacia dónde ir… Después de mucho pensarlo, se le ocurrió una idea. Una tarde, cuando el oso regresó del bosque, le dijo: Oye, oso, déjame ir por un día a la aldea, quiero llevar a mi abuelito y a mi abuelita unos pastelitos.
¡Eso era lo que quería Máshenka! Coció en el horno unos pastelitos, sacó un cesto grande, requetegrande, y dijo al oso: —Mira, pondré los pastelitos en este cesto y tú los llevas a la abuelita y al abuelito. Pero no se te ocurra abrir el cesto, ni sacar los pastelitos. ¡Yo me subiré a un árbol y desde allí te vigilaré! —Está bien —respondió el oso—, ¡dame el cesto! Máshenka le dijo: —Sal al portal y mira si no llueve. En cuanto el oso salió al portal, Máshenka se metió en el cesto y rápidamente puso sobre su cabeza el plato con los pastelitos.
|