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Breve crónica del jitomate 1 |
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El fruto con ombligo
Según los botánicos, la mayoría de las especies del jitomate son originarias del Perú de donde se propagó por todo Mesoamérica hasta dar origen a especies nativas. Sin embargo, el jitomate viajó a Europa desde Tenochtitlan, capital del imperio azteca, después de la conquista de los españoles, donde se le conocía como xitomatl, fruto con ombligo. Pero su difusión como alimento, en el Viejo Continente, tardaría más de cien años debido a la semejanza que el jitomate tenía con ciertas plantas solanáceas asociadas con prácticas mágicas. Más tarde se incorporaría a la dieta europea asociándolo con las manzanas, de ahí que en Italia se le nombre "manzana de oro", pomodoros, y en Alemania "manzana del amor", Liebesapfel. Otras lenguas tomarían la raíz nahuatl, "tomatl", para bautizar este fruto de color encendido. El nombre científico del jitomate es Lycopersicum esculentum y se sabe que debe su color rojo al caroteno, pigmento que va del amarillo al rojo y que nuestro organismo procesa durante la digestión para convertirlo en vitamina A. El jitomate también contiene vitamina C, además de minerales com el fósforo, el hierro y el potasio. En gastronomía, el jitomate fresco ofrece frescura, sabor y colorido a los platillos. Es la base de diversas salsas que se distinguen según la cocina a la que pertenezcan. Desde el siglo XIX su consumo como alimento enlatado, en puré o concentrado, es de lo más popular. Como condimento basta mencionar el ketchup para descubrir su cotidianidad en la mesa. Y aún puede ser el ingrediente central en la repostería ya que con dicho fruto también se elabora mermelada. |
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A modo de rebanadas, he aquí las minificciones ganadoras de nuestro concurso:
Por el poder del jitomate (contramaleficio) Para que esta contra surta efecto, deberá usarse
un jitomate bien maduro, cuya piel no presente magulladura alguna. Ya sea rebanado, guisado, asado, pisoteado, licuado, lanzado,
Estaba decidida a no dar ninguna explicación, mas
allá de que al llegar a casa, su marido había preparado
una ensalada. No tenía caso intentar que el fiscal y su intelecto
de charal comprendiera esa deliciosa intimidad, con que una vez descubiertas
las palabras secretas, su jitomate aparecía en sueños, portador
de inefables goces producto de su ternura de amante vegetal, de fruta
orgásmica, que se frotaba intensamente roja contra su piel hasta
prácticamente hacerla convulsionar de placer. Olvidó guardar
su tesoro en la hortaliza mágica bajo su cama y su esposo le dio
un uso mas convencional. Ella no puso reparos en desbocar su ira y disfrutó
muchísimo las 87 cuchilladas con que le deshizo el tórax,
sobre todo porque usó el mismo instrumento con que había
victimado a su verdadero amante. La cadena perpetua podría parecer
una horrenda perspectiva, pero ella se las arregló para hechizar
otro jitomate en menos de 10 años. |
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