Breve crónica del tabaco

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Textos ganadores
de la convocatoria de minificciones:

 

Documental

Cástulo Aceves Orozco

Una toma frontal al prisionero. Detalle sobre su barba, sus ojos cansados, sus uñas mugrosas. Paneo del cuarto donde, contrario a lo que todos esperaban, ha sobrevivido casi veinte años. El narrador que comenta los hechos históricos, las revoluciones, los alzamientos, el cambio de rumbo y el final derrocamiento del régimen. Los bandos implicados, las traiciones, el despertar de los ciudadanos en aquel país. De nuevo el sujeto, su nombre, su familia, las intricadas formas que uso para lograr sus objetivos. Después un segmento dedicado al milagro médico que representa su caso. Alimentado exclusivamente de harina de papa cocinada en tiras, bebiendo solamente refresco negro, era de suponerse que el colesterol lo mataría al poco tiempo. “Hierba mala nunca muere”, dice uno de los carceleros, la frase en off, realzando el drama. Finalmente, la demencia de ese hombre, que cada día, a la hora de alimentarlo, grita de felicidad. El expresidente anuncia con euforia que aún en su derrota logró cambiar la historia, las “Papas libertad” prevalecerán sobre las “Patatas a la francesa”. Pobre, dice el último entrevistado del documental, nadie se ha atrevido a decirle en dos décadas que eso también pasó al olvido.

 

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Alain Briseño

Al principio fue solo una impresión curiosa. Entre las verduras de su casa, cerca de los frascos de charales, le pareció ver una cara conocida dibujada en la negrura de una vulgar papa. Día tras día, la mugre, las jorobas y tubérculos, retrataban con mayor precisión unas facciones. Sospechaba de muchos, y temía. Estaba convencido de que aquella criatura vegetal se adueñaba lentamente del rostro de alguien. Pocos días después, no cabía ya duda alguna. Esa misma madrugada corrió desesperado por calles vacías hasta encontrar la residencia de quien, con certeza, ya se habría convertido en un ser sin rostro. La puerta estaba abierta, subió las escaleras tropezando hasta llegar a una habitación obscurecida por un pesado cortinaje. Al fondo, en silencio, lo esperaba una silueta familiar. La única luz en aquel cuarto provenía de una mesita junto a la cama, sobre la cual, flotando en un platito con agua, se encontraba otra papa, en la cual, vio sus propias facciones perfectamente retratadas.

 

La pena de la papa

Macaria España

En la escuela todo mundo me hacía burla. Mis compañeros menospreciaban mi pálida y lisa piel. La redondez de mi cuerpo los ofendía, pero jamás sentí que las agresiones fueran sólo por eso. A al sandía nadie le decía que parecía de 12 meses de germinación. Todos se encajaban conmigo.

La zanahoria, con su estilizada figura me decía: Anda Papa, lárgate de aquí, vete a un teibol. Tú eres sólo un tu-bér-culo. No sirves para más.

Decidí hacer caso a los consejos. Termine de teibolera en el cabaret Vegeteibol. Buena paga y poco trabajo.

Una noche, me tocaba realizar mi show. El Vegeteibol estaba a reventar. Yo salía con mis tacones punzantes y subí al escenario. Llevaba poco más de dos minutos en la pista cuando varios parroquianos comenzaron a gritarme: ¡No sabes moverte, eres una papa!

Ahora sí; estaba frita.

 

 
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