Opera 7 screen capture {float: left; margin-right: 1em}—Vengo a ver, Retador, si la gallinita Pinta ha puesto un huevo con pinticas.

—¡Mucha prisa tienes tú! —respondió Retador enfadado—. Las gallinas corrientes ponen huevos blancos todos los días, pero con las pintas sucede todo lo contrario: éstas lo ponen muy de tarde en tarde. Mejor será que te vayas adormir.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque me he enfadado con mi cama. Es muy incómoda.

—¡Claro, como que para dormir lo mejor es el palo del gallinero! —afirmó Retador:—. Se aprieta uno contra las gallinas, baja las plumas y… ¡a dormir de primera! ¡Vamos, sube!

Opera 7 screen capture {float: right; margin-right: 1em}A duras penas se encaramó la niña en el palo, encogió las piernas y hundió la cabeza entre los hombros. A un lado, tenía a la gallina, al otro, el gallo, y los dos juntos le daban un agradable calorcito.

Verdaderamente, ¡se estaba bien allí!, pero cuando ya Rosita estaba medio dormida dio una cabezada y cayó al suelo.

Escapó furiosa del gallinero y se sentó cansada frente a la puerta de su casa. De pronto, llegó volando un pájaro raro y, ¡zas!, se posó en sus rodillas. Entonces, Rosita lo miró con extrañeza.

—Buenas noches —le dijo—. ¿Quién es usted?

—Soy el murciélago Ligero. Durante el día duermo en el desván de ustedes, y por la noche, vuelo. ¿Y tú, por qué no duermes?

—Porque mi cama es muy incómoda.

—Te compadezco mucho —le dijo el murciélago—. ¿Quieres que te ayude?

—¡Sí, quiero!

—Pues bien, sígueme.

Agitó Ligero las alas y, planeando suavemente, se metió en el desván por el tragaluz del tejado, mientras Rosita trepaba hasta aquel lugar por una escalera de duros peldaños.

—Esta es mi alcoba —le dijo el murciélago.

—¿Y dónde está tu cama? —preguntó Rosita.

—El caso es que yo —contestó riendo— me las arreglo sin cama. Basta con llegar al techo, agarrarse bien con las patas a ese clavito y quedar colgado cabeza abajo. Anda, sube, ¡yo te cederé mi clavo preferido!

Rosita, entonces, recordó el golpe que se diera al caer del palo del gallinero y pensó:

"¡Cómo voy a dormir ahí! ¡Y con la cabeza para abajo! ¡Me caeré de nuevo! Me parece que este sitio no es muy bueno…"

—Niña, ¿dónde estás? —la llamó el murciélago.

 

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